Validar lo cambia todo: el poder de sentir comprensión y aceptación
Validar las emociones no significa dejar que todo valga, sino acompañar con empatía lo que cada niño o niña siente, sin juzgar ni minimizar. En esta entrada exploramos qué es la validación emocional, por qué funciona según la investigación reciente, y por qué a veces cuesta tanto ponerla en práctica en casa. Una reflexión para transformar la convivencia desde la comprensión, no desde el control.
Garazi Gainzarain
11/8/20255 min read
Validación emocional: qué es, sus beneficios y por qué nos cuesta tanto
La validación emocional se ha puesto de moda —y con razón— pero no es solo una etiqueta bonita: es una forma concreta de acompañar a la infancia y la adolescencia (y, por qué no, también a las personas adultas), que produce cambios reales en la forma en que aprenden a regularse, persistir ante dificultades y sentir seguridad con sus emociones.
¿Qué es la validación emocional?
Es reconocer y comunicar al niño, la niña o el adolescente que lo que siente tiene sentido, que lo escuchas y que no lo juzgas. Es comunicarle que sus emociones son válidas. Ejemplo: “Veo que estás muy enfadada porque tu dibujo no salió como querías, tiene sentido sentirse así. Eso que sientes es rabia y frustración."
¿Por qué hacemos esto? Porque es así: las emociones son válidas; lo que no siempre es válido es la conducta que viene junto con esa emoción. No podemos controlar lo que sentimos, pero sí podemos regular la conducta que tenemos, lo que hacemos con esa emoción. Ejemplo: "Pero no puedes romper los lápices aunque sientas mucha rabia. ¿Pensamos cómo podemos hacerlo la próxima vez?".
Así que validar emocionalmente no es:
Consentir cualquier conducta dañina.
Decir siempre “está bien” aunque la conducta sea peligrosa.
Suprimir las normas o los límites.
Validar es acompañar la emoción; después —con calma— se ponen límites y se enseña a resolver la situación.
¿Por qué funciona?
La investigación muestra varias razones por las que la validación ayuda:
Validación y persistencia en la infancia (Jeon & Park, 2024): En experimentos con niños y niñas de preescolar, cuando la persona adulta valida la emoción de niños/as, suelen seguir intentando ante una tarea difícil por más tiempo. Es decir: validar ayuda a no rendirse tan pronto.
Intervenciones para familias funcionan (revisiones y metaanálisis, 2023): Los programas que enseñan a las familias a validar y etiquetar emociones mejoran las prácticas parentales y muestran efectos en el bienestar y la conducta de hijas/os. Aprender a validar sí cambia cosas en casa. (England-Mason et al., 2023; Zahl-Olsen et al., 2023).
Programas manualizados (Tuning in to Kids / TOTS): Ensayos controlados en distintos países muestran que estos cursos aumentan la validación por parte de las familias y reducen, en algunos casos, problemas de conducta y estrés fisiológico en la infancia (Havighurst et al., 2022; Burkhardt et al., 2024).
Marco teórico clásico (Gottman y cols., años 90): La llamada filosofía meta-emoción defiende que la idea básica es que la actitud de las personas cuidadoras referentes hacia las emociones influye en cómo los niños y las niñas aprenden a regularse, dependiendo de si las personas adultas las aceptan y las enseñan, o si las minimizan y las rechazan ("no llores, no pasa nada, ya está"). Las investigaciones mostraron que las familias que acompañan emocionalmente tienen hijas e hijos con mejor regulación emocional, menos conductas problemáticas y mayor competencia social (Gottman, Katz & Hooven, 1996).
La salud emocional de las personas cuidadoras importa (Hurrell y cols., 2016): si un padre o madre siente mucha ansiedad y estrés, le cuesta más validar; por eso apoyar también a las personas que cuidan mejora los resultados para la infancia. (Havighurst et al., 2022; Burkhardt et al., 2024).
Beneficios
Menos reacciones explosivas y más capacidad para calmarse. Cuando alguien siente que la otra persona le comprende y acepta sus emociones, baja la resistencia y la necesidad de defenderse.
Mayor persistencia ante tareas difíciles (por ejemplo, seguir intentando una tarea del cole).
Mejora gradual en la conducta y en el clima emocional de la casa.
En la adolescencia, cuando la validación se combina con respeto a la autonomía, favorece la cercanía, la apertura y la regulación.
Errores comunes y cómo evitarlos
Minimizar sentimientos (“No es para tanto”): evita esto; genera distanciamiento.
Intentar arreglarlo rápido (“No te preocupes, ya está”): primero conecta, después propón soluciones.
Confundir validar con premiar conductas inadecuadas: Valida la emoción, no necesariamente la conducta.
¿Por qué es tan difícil poner en práctica la validación emocional?
Parece muy sencillo y muy lógico, solo es reproducir una frase: "Veo que estás ..., tiene sentido que te sientas así cuando ...", ¿no? Bueno, en la práctica se hace mucho más complicado. Las personas tenemos resistencias que nos dificultan hacer lo que se supone que es correcto. Puede ser por alguna de las siguientes razones:
Porque tenemos que regularnos primero (no solo al niño/a): Cuando sentimos estrés, cansancio o emociones fuertes, es casi imposible escuchar con calma.
Por la reacción automática de corregir o dar soluciones: Nuestra cultura enseña “arreglar” rápido en vez de escuchar; la respuesta automática suele ser instruir o castigar. Es lo que hemos aprendido.
Porque vivimos en una dinámica de desconexión con nuestras propias emociones: Tener que seguir con el día a día y las dificultades que conlleva sostener tanto nos "obliga" a no conectar con nuestras verdaderas necesidades y emociones para poder seguir y aguantar con todo, lo cual no ayuda a que enseñemos a nuestras/os hijas/os un modelo diferente.
Por miedo a “premiar” la mala conducta: Mucha gente confunde validar una emoción con aprobar una conducta.
Porque falta vocabulario emocional en la familia: Si nadie en casa nombra emociones, es difícil que salgan palabras para contarlas.
Por cansancio y falta de tiempo: En días agotadores es más fácil reaccionar mal.
Por experiencias previos de la persona adulta: Si la propia infancia de la persona adulta no incluyó escucha, sostener la emoción del otro resulta incómodo o doloroso.
Cuando la emoción es muy intensa o la situación es peligrosa: Si hay riesgo (p. ej. agresión, peligro físico), la prioridad es la seguridad; la validación queda para después.
Porque no hay hábito ni práctica: La validación es una habilidad social que se aprende con práctica, no sale perfecta a la primera.
Por creencias culturales o generacionales: Mensajes como “si lloras, eres débil” o “hay que aguantar” dificultan validar. Si no acepto ni mis propias emociones que me hacen sentir malestar, ¿Cómo voy a validar las de la otra persona?
Por la diversidad del niño/a (neurodiversidad, regulación sensorial): algunos/as niños/as necesitan adaptaciones (más tiempo, menos palabras, apoyo visual).
La validación emocional no es una solución milagrosa, pero sí una herramienta concreta: con consistencia y práctica mejora la convivencia y nuestra capacidad para manejarnos emocionalmente. Es aprender a mirar las emociones sin miedo, sin negarlas y sin dramatizarlas. Con el tiempo, las emociones dejan de ser un problema y se convierten en lenguaje compartido. No hace falta hacerlo perfecto; hace falta mirar hacia dentro y hacerlo con intención y con paciencia.
Referencias
Burkhardt, R., Röösli, A., & Müller, K. (2024). Tuning in to Kids online: Randomized trial. Scientific Reports, 14(2), 11502. https://doi.org/10.1038/s41598-024-55217-3
England-Mason, G., Williams, M., Anderson, K., & Katz, L. F. (2023). Emotion socialization parenting interventions: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 102, 102310. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2023.102310
Gottman, J. M., Katz, L. F., & Hooven, C. (1996). Parental meta-emotion philosophy and the emotional life of families: Theoretical models and preliminary data. Journal of Family Psychology, 10(3), 243–268. https://doi.org/10.1037/0893-3200.10.3.243
Havighurst, S. S., Kehoe, C. E., Harley, A. E., & Wilson, K. R. (2022). Tuning in to Toddlers (TOTS): A randomized controlled trial of an emotion socialization parenting program for parents of toddlers. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 90(3), 224–237. https://doi.org/10.1037/ccp0000698
Hurrell, P. A., Hudson, J. L., & Schniering, C. A. (2016). Parental meta-emotion philosophy and family anxiety: The mediating role of parenting behavior. Journal of Child and Family Studies, 25(11), 3309–3322. https://doi.org/10.1007/s10826-016-0498-9
Jeon, H., & Park, S. (2024). Your feelings are reasonable: Emotional validation promotes persistence among preschoolers. Developmental Science, 27(3), e13402. https://doi.org/10.1111/desc.13402
Zahl-Olsen, L., Nordahl, K. B., & Drugli, M. B. (2023). Emotionally oriented parental interventions: Effects on parenting and child outcomes – A systematic review. Frontiers in Psychology, 14, 1210705. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1210705
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